«¡No me toques, negra sucia!»

22/Mar/2011

La República

«¡No me toques, negra sucia!»

DENUNCIA. POSIBLE EPISODIO DE DISCRIMINACIÓN RACIAL CONTRA UNA MUJER NEGRA Luciana Sampaio tiene 36 años. Hace 11 que vino de Brasil. Se enamoró aquí, se casó y ha trabajado desde entonces, actualmente en un call center. El viernes la insultaron en un ómnibus, llamándola «negra sucia».
Albérico Barrios |
El viernes Luciana Sampaio fue insultada por una mujer uruguaya, de piel blanca, cuando viajaba a bordo de un ómnibus rumbo a su trabajo. Luciana rozó el hombro de la pasajera blanca con su mano negra, al ponerse de pie para permitirle salir, ya que la otra estaba contra la ventanilla.
La mujer blanca empezó a insultarla, gritándole «no me toques, negra sucia», y siguió haciéndolo hasta que la mujer negra decidió que era un abuso y se bajó del ómnibus, reclamando la presencia de un policía para denunciar el hecho.
Todo ocurrió a bordo de un ómnibus de Cutcsa (línea 100), que Luciana tomó en la parada de 18 de Julio y Convención, el viernes 18 de marzo pasadas las 16.00 horas. Luego de subir y sentarse en un asiento contra el pasillo, notó que a su lado estaba una mujer de cabello castaño claro, casi rubia, de lentes, delgada y de estatura baja, como de 25 o 26 años. Esta fue la descripción que dio Luciana a la Policía, al no saber el nombre de quien la insultó.
«Percibí que al sentarme ella se acurrucaba más contra la ventana», relató Luciana a LA REPUBLICA, quien se dio cuenta que su compañera ocasional de asiento estaba totalmente incómoda. Luciana también se empezó a sentir incómoda al notar que «ella no quería que yo tuviera ni un solo roce con su ropa, lo que era casi imposible», contó.
En 18 de Julio estaba cortado el tránsito y la pasajera blanca quiso salir de su asiento, pasando por sobre Luciana, que se levantó para darle lugar. «Yo estaba con mi cartera en la izquierda y en la otra mano tenía mi carpeta de trabajo. Sin ninguna intención le rocé el hombro para darle pasada hacia el pasillo. Fue entonces cuando ella, sin ninguna consideración, me dijo: ‘no me toques, la gente como vos es sucia'», relató Luciana.
Dice Luciana que sin alterarse le preguntó «¿eres racista ?». «Ella me contestó que los negros éramos todos sucios, y que no la tocara», agregó. Luciana le preguntó «¿por qué me llamas sucia, si no me conoces?». En tanto, la pasajera de al lado había salido al pasillo. «Seguía gritándome mientras yo permanecía sentada. Pensaba que era un atrevimiento y un abuso», reflexiona.
«Decidí bajarme junto con ella y hacer la denuncia porque si era racista, era su problema, pero tenía que respetarme». Algunas personas le pidieron que dejara de insultar a Luciana. «‘Estuviste mal, pedí disculpas'», le decían a la joven, pero ella, nada», afirma.
Ambas se bajaron en 18 de Julio y Minas. «No quería acompañarme hasta donde estaba una policía femenina, en la puerta del banco, por lo que tuve que tomarla del brazo, la llamé y le expliqué lo sucedido. Al preguntarle la policía si era racista, mi agresora lo admitió y pidió que la dejara ir porque estaba trabajando.
La policía le dijo que las personas eran como eran y que nos teníamos que respetar. Le dije que al igual que la joven yo también era trabajadora.
Entonces la policía me preguntó si quería hacer la denuncia; yo dije que sí, porque ella no solo me discriminó sino que me faltó el respeto delante de todos», contó Luciana.
Llamaron un móvil policial y frente a los patrulleros la agresora admitió que era racista.
Luego de unos minutos, «me pidió que la disculpara pero ya era tarde, y no acepté, porque no podía hacerme pasar esa vergüenza delante de toda la gente y luego arreglarlo todo con una disculpa, mucho menos cuando ya estábamos frente a la autoridad policial», señala Luciana. «Me sentí muy mal porque hace 11 años que vivo en Uruguay y nunca pasé por una situación así», agregó.
La joven quedó demorada en el banco mientras Luciana hizo la denuncia en la Seccional 2ª. Luego llevaron a la otra joven para interrogarla, y reafirmó que era racista. «El policía que tomaba nota le preguntó qué diría de él, que tenía el cutis moreno ‘acubanado’. Ella le dijo que él no era negro como yo», dijo Luciana.
Finalmente a las 20.00 horas Luciana salió y llamó a la supervisora de su trabajo, donde la comunicaron con un abogado del Movimiento Negro de Montevideo.
«A él le dije que estaba decidida a que mi denuncia (número 2.059) terminara en un Juzgado», afirmó.
«Sólo pido que se haga justicia aplicando la ley de antidiscriminación que tiene el Uruguay, que no es mi país, pero es donde vivo y trabajo.
No quiero que ninguna persona sea discriminada, humillada e irrespetada como me tocó a mí esta vez», concluyó.